Serapeion Humanitas


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Proyectos en Venezuelatuya.com

Paso brevemente para compartir con ustedes algunos de los trabajos en los que he participado directamente en la web de turismo venezuelatuya.com contribuyendo con el contenido de los mismos. Hablo en específico de dos:

1) Videos sobre el periodo de la Independencia en los que se narra de manera puntual los sucesos más importantes de este periodo (1744-1830). Todavía faltan varios por subir pero desde el punto de vista del contenido ya están listos.

2) Infografía (o línea cronológica de manera más precisa) presidencial. Están en proceso de producción y edición, sin embargo, la primera parte ya está subida referente a los presidentes de 1830-1935. Tiene información precisa y completa centrándose en el periodo de gobierno, partido, hechos y trasfondo del presidente en cuestión. Hay algunos detalles que están siendo corregidos pero igual pueden visitar el sitio.

Los presidentes de la época 1935-1958, 1958-1998 y 1998-2014 estarán listos dentro de poco ¡espérenlos!

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La Venezuela monárquica

La historia de Venezuela ha pasado por grandes cambios desde que somos República. Con el paso del tiempo los distintos caudillos de turno, hasta incluso dirigentes de la democracia, han contribuido a tergiversarla, conscientemente o producto de la ignorancia. En todo caso esa tergiversación ha generado, en mi opinión, una deformación en la conciencia histórica del venezolano. Cualquiera puede examinarse y se dará cuenta que lo que aprendió sobre la historia de su país fue que los militares, y principalmente entre ellos Simón Bolívar, han sido los máximos héroes de la República. El resto suelen ser considerados una serie de tiranuelos de segunda y civiles que no han logrado estar a la altura de las glorias independentistas.

La denominada IV República es el ejemplo más claro y cercano. AD y COPEI, partidos civiles de una democracia civil, se robaban todo; Ello parece resumir ese periodo de nuestra historia. Lo que me interesa resaltar en este momento es una cuestión poco visible y comprendida de nuestra historia; el asunto tiene que ver con la génesis misma de nuestra sociedad.

Lo que actualmente es la sociedad venezolana republicana, en sus orígenes y en su formación hasta la independencia fue monárquica. Éramos españoles de Venezuela, teníamos un Rey y una serie de instituciones propias de la Monarquía. Y no es solo ese hecho, sino que estábamos además relativamente satisfechos con ese régimen.

Fue apenas un pequeño grupo de letrados e intelectuales que le costó convencernos a costa de una guerra sangrienta, quienes iniciaron una verdadera labor de reingeniería social para transformar al súbdito en ciudadano. Proceso en el que todavía estamos y que explica en gran medida nuestra accidentada vida republicana. Nuestra guerra de independencia fue también una guerra civil entre hermanos con diferentes concepciones. Muchos próceres de la independencia insistieron en que se debía luchar por la independencia con el fin de recuperar nuestra “libertad”.

La pregunta es: ¿Cuál libertad? No nacimos como un pueblo libre, nunca la conocimos como los personajes de la independencia la concebían. Lo que existía era un doble proceso de colonización. Primero de los blancos peninsulares hacia los blancos criollos y luego de estos últimos hacia todos los estamentos inferiores a ellos, estando estos mantuanos en la cúspide del poder colonial americano. Ahora ¿es vergonzoso asumir esta realidad? ¿Cuál es el problema de reconocer nuestra condición primaria de monárquicos? Puedo comprender que los próceres intentaran inculcar al resto de la sociedad colonial un mensaje de lucha contra los eternos opresores con el objetivo de alcanzar la libertad y por ende el fin del dominio español representado por la monarquía. Había que ganar respaldo popular y convencer a los distintos sectores de la sociedad.

La independencia fue un proceso muy complejo, no solo acá sino en el mundo hispánico y jamás debe estudiarse bajo la simplista óptica de malos contra buenos. Incluso entre tantas proclamas de independencia, cuando se restituye la monarquía en la América hispana (1814-1818), la paz en la región fue significativa, dejando al margen evidentemente las maniobras sin éxito del bando republicano. Ello evidencia la tranquilidad y sosiego de nuestra sociedad por el restablecimiento del orden monárquico o al menos de algún orden.

Fuimos orgullosamente fieles al rey, luego dimos un valiente aunque temerario paso hacia una forma de sociedad más libre e igual y aquí estamos, todavía, en el difícil proceso de realizarnos definitivamente como una sociedad democrática y republicana. Cuando aceptemos que fuimos monárquicos se podrá finalmente desechar los argumentos patrioteros absurdos de que alguna vez, ante de los españoles, fuimos libres y que con la independencia renacimos nuevamente como venezolanos recuperando así nuestra libertad de la corrupta cultura europea. Cuando esas reflexiones se den se estará dando un paso hacia el estudio crítico de nuestra historia y por ende nos despojaremos de muchos mitos irreales sobre quienes somos.

Como se podrán imaginar este tema abre muchas aristas interesantes sobre nuestro pasado.

 


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Un ensayo de república liberal que no prosperó (1830-1848)

Antonio Guzmán Blanco: “Su Gobierno (el de Soublette) tuvo dos épocas. La primera que ofreció al mundo el modelo de la República perfecta. La autoridad, moderada y circunspecta, desdeñaba las pasiones del partido que apoyaba, respetando y hasta protegiendo los derechos de la oposición que combatía. Esa fue la época de nuestro parlamentarismo”.

El siglo XIX venezolano es probablemente el periodo más olvidado de nuestra historia. Por lo menos yo me confieso en gran medida ignorante de esa etapa.

Sabemos, más o menos, que sucede desde 1810 hasta el 1824, después se dibuja en nuestras mentes una niebla, una bruma que no nos deja ver mucho más de lo que sigue. Escuchamos algo de unos Monagas, vemos más luz con el Guzmancismo (que pareciera ser la época más iluminada de ese siglo después de la independencia) y otra vez la relativa oscuridad de una serie de presidentes y militares hasta llegar a Cipriano y el siglo XX. Es lamentable que eso sea así, no obstante con el tiempo y la aproximación a ese siglo me he dado cuenta de que hay varios periodos de mucha valía para estudiar y comprender. Por ejemplo cada día para mí es más evidente que los años que corren desde 1830 a 1848 son los de un ensayo relativamente exitoso de civilidad (aunque con esto no me refiera estrictamente a gobiernos puramente civiles) en contraste a lo que tocará con el resto del siglo.

En efecto en ese lapso podemos observar en el país una observancia a las leyes y normas de la Constitución de 1830, que estuvo vigente unos 28 sorprendentes años, impresionantes en un país que ha tenido en un plazo tan corto de existencia unas 26 constituciones. Fue un periodo de respeto a la disidencia, de libre expresión, de libertad para el debate de ideas. Los gobernantes de turno en aras de cimentar una institucionalidad duradera no buscaban por lo pronto ni reprimir ni eternizarse en el poder. El Estado estaba modelado de manera similar a los Estados liberales de EEUU y Europa. La doctrina liberal buscaba en última instancia defender la libertad individual de cada ciudadano. Por ello lo esencial y prioritario para los liberales de esa época era el debate y la deliberación pública de todos los ciudadanos como elemento formativo de la sociedad, como medio para fortalecer los derechos individuales. Todo esto en una sociedad de conciencia monárquica donde la confrontación de ideas y el cuestionamiento a la autoridad eran en todo caso algo nuevo.

En definitiva se buscaba formar ciudadanos industriosos, quienes a través del comercio y principalmente la agricultura, generarían no solo riqueza individual, sino que a través de impuestos, enriquecería a toda la nación. El Estado por ello se encargaría de pocas cosas, entre ellas garantizar el respeto a la ley y la seguridad.

Así se construyó Venezuela en sus primeros años independentistas bajo el brillo de eximios civiles. Entre ellos Santos Michelena, José María Vargas (primer presidente civil del país 1835-36), Antonio Leocadio Guzmán, Diego Bautista Urbaneja, Tomás Lander, entre otros. Ese último personaje fue una mente de las más brillantes de su época y una de las que más admiro. Civil, nunca ejerció cargos de alto gobierno. Fue agricultor, empresario, hacendado y vigoroso defensor de los derechos individuales de los ciudadanos contra los posibles abusos del poder. Su periódico, El Venezolano, fue fundamental en la creación en 1840 del Partido Liberal, que le haría oposición al gobierno. Siempre instó al ciudadano común a pronunciarse, a opinar, a debatir y a no dejarse amilanar ante cualquier trasgresión de las libertades individuales.

Además de todo lo dicho hay otro elemento muy resaltante y hasta me atrevería decir insospechado por muchos, y es que estos primeros años de República lo fueron también (y quizá los únicos) de férreo anti-bolivarianismo. No podía ser de otra manera, el separatismo venezolano de la República de Colombia fue impulsado en gran parte por los liberales que veían en el pensamiento político del Libertador un serio problema para sentar las bases de un gobierno despersonalizado, civil, liberal, controlado y próspero. Veamos en una breve cita del libro biográfico de Migdalia Lezama una crítica ácida de Lander contra el Libertador y sus planes políticos hacia 1830:

“Después de que Bolívar ha derrocado las instituciones liberales que se había dado la nación: después de que ha hecho sacrificar tantas víctimas a sus planes liberticidas: después de que ha destruido el comercio, la agricultura y todos los ramos de la industria, y en fin después de que con una hipocresía vergonzosa ha querido engañarnos para ceñirse la corona, se quiere que le tributemos elogios?”(Lezama, 2011, p.31)

Como se aprecia, y en contraste con nuestra historia, y en especial con nuestro tiempo actual, los venezolanos de esa época no le tributaban muchos elogios al Libertador y los liberales atacaban y cuestionaban su pensamiento político.

Es así como en estos 18 años de pensamiento anti-bolivariano un Páez militar aunque con una vocación institucionalizadora, pierde las elecciones presidenciales en el 35 y le entrega el poder a un adversario político, el Dr. Vargas, siendo esta la primera vez en nuestra historia que se ejercite exitosamente la alternancia en el cargo entre un gobernante y un opositor. También en ese año se da el primer golpe de Estado de nuestra historia con la llamada “Revolución de las Reformas” liderada por bolivarianos pero que afortunadamente no prospera porque el gobierno de Vargas saca de su retiro a Páez, lo hace líder del ejército y éste restablece el orden nuevamente, entregando el poder delegado al presidente rehabilitado. Serán los años del denominado parlamento deliberativo debido al importante papel que tendrá este órgano en la vida política del país, incluso por encima del Poder Ejecutivo.

A pesar de que Soublette y Páez, dos militares, gobernaron también el país constitucionalmente hasta 1846, no obstante, fue un periodo donde se respetaron las leyes y se procuró el apego a la institucionalidad. Dejando de lado el breve incidente del 35, el hilo constitucional no fue roto seriamente y las libertades civiles fueron respetadas y estimuladas. Las cosas empezaron a degenerar hacia los últimos años de este periodo. Con la asunción de José Tadeo Monagas en el 46, electo por el partido conservador pero formalmente un independiente y afecto al “bolivarismo”, la nave de la República empezará su largo proceso de naufragio que caracterizará todo nuestro siglo XIX. Incluso antes de esa elección el monopolio en el poder que había estado ejerciendo el partido conservador (así llamaba el partido liberal a los que estaban en el gobierno, a pesar de que ideológicamente también eran liberales) desde el año 40, fecha de la fundación del partido liberal, amenazaba con generar una situación de inestabilidad política seria puesto que la oposición organizada en el partido liberal se le estaba negando el acceso al poder a largo plazo. El proceso electoral y los ataques y acusaciones de los conservadores en contra de Antonio Leocadio Guzmán, quien tenía grandes oportunidades de ganar la presidencia en el 46, son un buen ejemplo de la degeneración política que se empieza a observar. Sin embargo, el corolario a este inusual periodo de estabilidad y gran civilismo llegará con el asalto al Congreso en 1848 por parte de Monagas, quien a través de sus partidarios irrumpe en el Poder Legislativo y causa la muerte de muchos diputados conservadores, con lo que formalmente el periodo de respeto a las formas y a la Carta Magna se ve seriamente resentido iniciándose una serie de gobiernos de carácter autocrático y de vocación personalista en el poder. Así Monagas destruye de un solo “bayotenazo” un orden institucional que se había viniendo construyendo desde 1830 con sus defectos y virtudes.

Por lo brevemente ya dicho, es una época que merece la pena estudiar; un momento histórico olvidado en el cual se llevó a cabo un intento muy apreciable de construcción de un Estado Liberal pero que los azares de los sucesos posteriores llevaron a su destrucción y al personalismo autocrático. No obstante, relata cómo nuestros comienzos republicanos tuvieron un brillo particular que hoy día no es considerado así.


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Inauguración: Occidente y su deuda con Bizancio

¡Hola a todos! Sean bienvenidos a mi blog.

Antes de pasar al tema en cuestión quiero comentarles que este blog nace como una necesidad y como un experimento. Necesidad porque desde hace tiempo he querido tener un espacio propio para exponer mis gustos y desarrollar mis ideas. Sin embargo no me había animado hasta hoy. También es un experimento ya que quedará de mi parte continuarlo y mantenerlo actualizado de manera regular.

En todo caso este espacio que he creado no será monotemático (o espero que no se convierta en uno) pero sí se enfocará en determinados gustos propios relacionados principalmente con la Historia y la Política. Específicamente a lo concerniente con el mundo antiguo, con Grecia y Roma a la cabeza, Venezuela y Latinoamérica. Cabrán muchos otros temas más pero en esencia estos serán los que caracterizarán a mi blog, o por lo menos así será en estas primeras etapas.

Sin más que agregar dejo un breve artículo que escribí hace un tiempo y que publiqué en el blog de un buen amigo (www.comovieneviniendo.wordpress.com) sobre una civilización que me ha maravillado desde que la empecé a estudiar pero de la cual todavía ignoro muchas cosas; hablo de la civilización bizantina, auténtica heredera de las glorias de Roma y de cómo su legado ha sido subestimado u olvidado.

Occidente y su deuda con Bizancio

El imperio bizantino es la denominación que comúnmente se le da a aquel trozo del imperio romano que no “cayó” o mejor dicho no se disolvió. A partir de entonces podríamos decir que la relación de lo que sería Europa con Constantinopla fue en el mejor de casos el de una tensión tolerable. Después de la famosa caída de esta ciudad en 1453 a manos de los otomanos, la grandeza de este imperio pareció fenecer y desde entonces, en mi opinión, Occidente ha tenido una actitud de desconocimiento por diversas razones hacia esta civilización. Valga decir que lo que considero que se perdió es el conocimiento y la comprensión sobre la sociedad bizantina, sus costumbres y sobre todo los rasgos comunes que ha podido tener con los occidentales. Sin duda que su aporte cultural, a través de la preservación y enriquecimiento de la cultura grecolatina, fue fundamental para la Europa renacentista y el florecimiento del saber clásico.

Quizá es ahí donde podríamos identificar la primera gran deuda que tenemos con Bizancio. Es innegable que muchos textos latinos y sobretodo griegos fueron recuperados por Occidente a partir de las visitas de eruditos bizantinos a las cortes de Venecia o Génova a partir del siglo XI en adelante, y posteriormente con la diáspora de refugiados a consecuencia de la disolución del Imperio. Entre esos aportes valiosos para la cultura occidental está nada más y nada menos que las obras de Platón y su filosofía que marcarán el porvenir de la filosofía moderna hasta nuestros días. Otro aporte, menos resonante pero igual de importante es la incorporación a nuestro comedor del tenedor, un objeto que, según Judith Herrin, ya había sido inventado por los romanos. De esa manera y, pasando por diversas áreas del conocimiento humano como el derecho o el militar, Bizancio le legó a nuestra civilización un saber invaluable, tanto práctico como teórico que ha definido nuestra cultura de manera determinante.

Sin embargo la deuda más importante desde mi punto de vista tiene que ver con la existencia geográfica de Bizancio como tal. Desde que el imperio romano se dividió y una parte desapareció, la oriental quedó ubicada entre Europa y el Medio Oriente. Esta particularidad es de una importancia trascendental porque mientras Bizancio estuvo allí existió un obstáculo y una barrera frenando la expansión islámica. Los siglos del VI al XI de nuestra era fueron particularmente convulsos para Europa. A la “caída” de Roma un nuevo periodo de confusión e inestabilidad política se abre en ese continente. Recordemos por otro lado que con la dinastía Omeya el islam en el siglo VII se extiende desde Egipto hacia el oeste penetrando la península ibérica, y por el noreste por el Medio Oriente y parte de Anatolia.

Las consecuencias fueron peligrosas en Occidente ya que prácticamente, lo que hoy es España, cayó ante las armas árabes, que prosiguieron hasta ser frenados por los francos en el año 732. Sin embargo, el islam puso su huella en la península ibérica por un buen tiempo. Por oriente la historia fue otra. Constantinopla se erigió como una muralla infranqueable, fue sometida a varios asedios, a largas campañas de incursiones árabes, incluso a batallas donde el mismísimo emperador fue derrotado y capturado por las fuerzas del Corán (Manzikert, 1071) y no obstante ahí se mantuvo inamovible. Es cierto que con el tiempo perdió territorios pero su integridad militar le permitió mantenerse viva y de esa manera fue posible que Europa, en periodo de gestación, pudiera desarrollarse y reorganizarse geopolíticamente para ser lo suficientemente fuerte como para valerse por sí misma.

Esa es precisamente la tesis principal que sostiene la profesora Herrin de la King´s College de London en su libro, Bizancio: El Imperio que hizo posible la Europa moderna, quien subraya que a lo largo de los siglos que duró el imperio, este suscitó de manera resumida en Occidente dos reacciones: Maravilla y admiración pero también arrogancia y un complejo de superioridad hacia Constantinopla debido a prejuicios estereotipados sobre ciertas costumbres bizantinas. Quizá por ello en primera instancia Europa no pudo comprender y entenderse mejor con Bizancio que, al fin y al cabo, formaban parte de la misma comunidad cristiana, en un mundo donde esta fuerza y el islam reclamaban la supremacía espiritual. Posteriormente, cuando el imperio bizantino se disolvió las puertas para el conocimiento de la civilización bizantina quedaron cerradas para Europa debido al control otomano. Tal vez por eso Bizancio pueda parecernos como una civilización exótica y que poco tiene que ver con nuestra cultura.

Primera caída de Constantinopla

En todo caso hay un hecho particular que me parece lamentable y que, infligida por Europa, le causó a Bizancio una herida mortal la cual facilitará su caída posterior. Durante las Cruzadas tanto el Oriente como el Occidente cristiano trabajaron como aliados en su tarea de llevar la guerra santa al islam y liberar las tierras sagradas; Como he dicho, fueron muchas las ocasiones en las que hubo fricciones importantes entre ambos. Sin embargo, la mayor humillación que enfrentaría Bizancio no vendría de sus enemigos musulmanes sino de sus aliados europeos. Durante la Cuarta Cruzada los cruzados decidirán (por motivos mayoritariamente monetarios) asediar a sus aliados y finalmente tomar control de la ciudad. Expulsadas las autoridades bizantinas e impuesto un nuevo “Imperio Latino” que durará escasos años (1204-1261), se inicia un periodo de desarticulación y dispersión política bizantina que no terminará con su civilización, de hecho la misma supo responder muy bien al ataque directo al corazón que representó la toma de Bizancio a través de la creación de pequeños imperios regionales de entre los cuales, el imperio de Nicea, saldrán las fuerzas bizantinas necesarias para retomar Constantinopla y reanudar la existencia del Imperio Bizantino. Sin embargo, a partir de entonces las cosas no serían ya las mismas. Bizancio iniciaría un declive progresivo, perdió grandes territorios con la creación de los “mini imperios” y el avance del islam que afectó la recaudación de impuestos haciendo mella en su economía. Cada vez pasó a depender más de la ayuda europea para repeler los ataques otomanos pero ni siquiera entonces pudo Europa prestarle la ayuda necesaria para salvarla de la extinción.

De esa manera el último rastro de Roma, porque sí eran romanos, ese era su gentilicio, desapareció. Por lo dicho pienso que ahora sería un buen momento para que Occidente repague su deuda hacia Bizancio y que mejor manera de hacerlo que redescubriendo su cultura, estudiando su sociedad y reconociéndole no solo la importancia que jugaron en permitir el desarrollo de la Europa geográfica y también cultural, sino también remarcando los puntos que nos unieron. Afortunadamente, ese proceso parece estar en marcha a nivel académico pero falta que ese conocimiento permee al público en general.